martes, 27 de marzo de 2018

Una maravilla arquitectónica: la Catedral de Florencia

A la hora de referirnos a obras de arte fundamentales en todo el mundo, existen ciertos ejemplos que vienen muy rápidos a la mente. La Catedral de Florencia, sin duda, puede ser uno de ellos. Esta arquitectura de carácter religioso forma parte de un conjunto entre el Campanile de Giotto y el Baptisterio de San Giovanni, y es famosa y aclamada por turistas de todas partes que acuden al Duomo florentino.
Catedral de Florencia
Una imagen de la Catedral de Florencia.

Sin duda es uno de los principales atractivos artísticos y culturales de la ciudad de Florencia, que ya antaño gozaba de un lugar privilegiado en lo que se refiere a arte. Sus 153 metros de largo y 90 de ancho convierten a esta Catedral en la tercera más grande del mundo, solo por detrás de la de San Pedro en el Vaticano y la de San Pablo en Londres.


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Dos siglos de construcción y uno de consagración

La Catedral de Florencia comenzó a ser construida en el año 1.296 gracias al proyecto que tenía en mente Arnolfo di Cambio, un artista italiano que no pudo ver terminada su idea. Eso sí, la obra de arquitectura se edificó sobre otro edificio religioso, la antigua iglesia dedicada a Santa Reparata, de estilo románico.

En su terminación participaron hasta tres artistas más – Giotto, Andrea Pisano y Francesco Talenti – por lo que no se terminó hasta un siglo más tarde de su inicio, en el año 1.369. Y es que la arquitectura que hoy podemos contemplar en pleno centro de Florencia merece la pena tanto tiempo de esfuerzo.

También es importante destacar que la Catedral no se consagró como tal hasta el siglo siguiente de su terminación, allá por el año 1.412. Su imponente talla es reconocida en todo el mundo y forma parte de un conjunto arquitectónico sin igual.

En el proyecto de edificación de la Catedral participaron muchos artistas

Entre 10 y 12 artistas, según las estimaciones, participaron en la creación de una obra artística que hoy tiene el reconocimiento que se merece. A los arquitectos di Cambio, Giotto, Pisano y Talenti, ya mencionados, hay que sumar otros que participaron de forma muy activa en su creación.

Así pues, al visitar el interior, es posible contemplar unas vidrieras realmente bellas que son obra de Gaddi, Ghiberti, Ambrogio da Pisa, Donatello, Andrea del Castagno y Paolo Uccello. Asimismo, los frescos de los ángeles llevan la firma de Santi di Tito, mientras que el reloj y ciertos detalles son de Paolo Uccello.

Todas estas características, uniendo el trabajo de artistas italianos de primer nivel, convierten a la Catedral de Florencia en un destino imprescindible en sí mismo. Sin duda es uno de los puntos más importantes de toda Italia en lo que a arte se refiere, y su observación es imprescindible en la visita a una ciudad que hace mucho tiempo – y aún hoy lo es – fue el centro artístico de todo el mundo.



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